Certificaciones como herramienta para diseñar mejores edificios

¿Qué lugar ocupan hoy las certificaciones dentro de los proyectos de arquitectura e ingeniería? ¿Sienten que dejaron de ser un diferencial para convertirse cada vez más en parte de las exigencias de los proyectos?

Sí, claramente están dejando de ser algo excepcional. Hace algunos años una certificación podía verse como un diferencial específico del proyecto; hoy, sobre todo en desarrollos corporativos, hoteleros, de usos mixtos o vinculados a inversores institucionales, los criterios de sustentabilidad y eficiencia empiezan a formar parte de las condiciones de base.

Hoy, además, las certificaciones están cada vez más presentes porque en muchos casos forman parte de marcos de incentivo como la ley de COMAP, que otorga beneficios impositivos cuando se incorporan certificaciones como LEED, EDGE o MAS. Eso hace que su implementación sea mucho más frecuente y que los estándares asociados —eficiencia energética, consumo de agua, calidad del aire interior, medición de consumos, commissioning o selección responsable de materiales— pasen a integrarse directamente en el desarrollo de los proyectos desde etapas tempranas.

Para nosotros lo importante es que la certificación no se transforme simplemente en conseguir puntos, sino en una herramienta para diseñar mejores edificios.

Más allá de obtener una certificación, ¿qué cambios concretos generan estos procesos en la manera de pensar, diseñar y desarrollar un proyecto?

El principal cambio es que obliga a tomar decisiones de manera mucho más integrada y desde etapas muy tempranas.

La arquitectura, las instalaciones, la envolvente, el consumo energético, el agua y la operación del edificio dejan de analizarse como temas independientes. Muchas decisiones que después son difíciles o costosas de modificar tienen que discutirse al comienzo del proyecto.

También genera una cultura mucho más fuerte de medición. No alcanza con decir que una solución es eficiente: hay que poder calcularla, compararla, simularla y posteriormente verificar que realmente funcione como fue diseñada.

Ese proceso mejora mucho la ingeniería, independientemente de la certificación.

¿Con qué certificaciones trabaja habitualmente Barbot y qué rol tiene el estudio, desde la ingeniería, dentro de esos procesos?

Nuestro principal trabajo está vinculado a certificaciones ambientales como LEED, EDGE y MAS (certificación local de LSQA en Uruguay), tanto desde la consultoría del proceso como desde el diseño de las instalaciones necesarias para alcanzar los objetivos planteados.

Desde ingeniería participamos en aspectos muy relevantes del resultado final: eficiencia energética, simulación energética, consumo y gestión del agua, calidad de aire interior, sistemas de medición y control, commissioning y coordinación entre las distintas disciplinas.

También trabajamos en la estrategia de certificación, definición de créditos, documentación y seguimiento del proceso con los distintos actores del proyecto.

Lo interesante de Barbot es que podemos mirar simultáneamente la certificación y las instalaciones MEP. Eso permite que muchas decisiones no queden únicamente como recomendaciones, sino que puedan traducirse directamente al proyecto de ingeniería.

¿Qué aprendizajes deja trabajar en proyectos certificados? ¿Hay criterios o soluciones que después terminan trasladándose a otros proyectos, aunque no busquen una certificación?

Muchísimos. De hecho, probablemente ese sea uno de los mayores aportes.

Una vez que incorporás determinadas metodologías, después cuesta volver atrás. Simular alternativas de consumo energético, medir mejor los usos de agua, incorporar sensores de CO₂, pensar la ventilación según ocupación, medir consumos parciales o analizar el comportamiento real de los equipos son criterios que terminan trasladándose naturalmente a otros proyectos.

La certificación funciona en cierta forma como un laboratorio de buenas prácticas. Algunas soluciones después se aplican prácticamente como estándar en proyectos que nunca van a presentar una certificación.

¿Por qué decidieron buscar la certificación LEED BD+C: New Construction para las nuevas oficinas de Barbot? ¿Fue un objetivo desde el comienzo?

Sí. Desde el comienzo queríamos que la nueva oficina representara también nuestra manera de entender la ingeniería.

Diseñamos todos los días instalaciones para otros y nos parecía muy coherente poder aplicar en nuestro propio espacio muchas de las soluciones que recomendamos a nuestros clientes.

LEED nos permitió además establecer una metodología y objetivos concretos. No queríamos simplemente decir que la oficina era eficiente o sustentable: queríamos diseñarla, medirla y evaluarla bajo un estándar reconocido internacionalmente.

¿Qué decisiones concretas del diseño, las instalaciones o el funcionamiento de la nueva oficina estuvieron vinculadas a los objetivos de LEED?

Hay muchas decisiones vinculadas directamente con esa filosofía.

Incorporamos generación fotovoltaica, cargador para vehículos eléctricos, un análisis de la envolvente térmica con un alto desempeño térmico tanto en muros como en aberturas con DVH, un diseño de iluminación de bajo impacto lumínico, y por ende bajo consumo energético, climatización mediante bomba de calor, ventilación controlada teniendo en cuenta la calidad del aire y sistemas de control de HVAC e iluminación mediante KNX con programación horaria, junto con estrategias para reducir el consumo de agua.

También se trabajó sobre la selección de materiales y sobre cómo operar posteriormente el edificio.

Algo que nos interesaba especialmente era que la oficina no solamente consumiera menos, sino que pudiéramos medir y entender cómo consume. La información sobre el funcionamiento real del edificio es fundamental para poder seguir optimizándolo.

¿Qué significa para Barbot aplicar en su propio espacio de trabajo criterios de sostenibilidad y eficiencia que forman parte de los proyectos que desarrollan para sus clientes?

Tiene mucho valor porque pasamos de ser únicamente quienes diseñamos o recomendamos determinadas soluciones a convertirnos también en usuarios de ellas.

Eso nos permite comprobar qué funciona, qué es sencillo de operar, qué tiene sentido económicamente y qué cosas pueden mejorarse.

Nuestra oficina termina siendo también un espacio de aprendizaje. Podemos experimentar, medir resultados y llevar ese conocimiento nuevamente a los proyectos de nuestros clientes.

Para nosotros hay una cuestión de coherencia: si creemos que la ingeniería puede hacer edificios más eficientes y mejores para las personas que los utilizan, tiene sentido empezar aplicándolo en nuestra propia casa.